Después de salir el sábado tal llanero solitario, algo un poco arriesgado porque si te pegas una ostia no te encuentra ni la policía, sonaba el despertador a eso de las 8:15, para qué madrugar más si en 45 minutos te da tiempo a levantarte, lavarte la cara, vestirte, sacar al perro, desayunar, cambiarte la ropa con la que has sacado al perro, engrasar la cadena de la bici ... y así sucesivamente, tiempo en el que una mujer todavía estaría tomandose su cafecito mientras ve la televisión tranquilamente, es broma todos sabemos que no todas sois iguales.
Bueno, a las 9 en la puerta del polideportivo como es habitual, nos encontramos 9 intrépidos bikers con ganas de estirar un poco las piernas y darle caña al cuerpo, ¿qué ruta hacemos hoy?, ¿donde vamos?, como nadie decía nada y yo tenía ganas de acción propuse atravesar la senda que va desde la Torre de las Mateas hasta la cantera. Dado el visto bueno por todos, Beltrán propuso hacer un recorrido hasta llegar a la senda sin tocar ni un cm2 de asfalto, y como es sabido por todos que a él le gusta buscar caminos fuera de pista, la ruta prometía.
Salimos río arriba y en el cruce hacía campos nos metemos en el cauce del río, algo fuera de lo habitual ya que siempre vamos por el asfalto, buena elección. Justo antes de la subida a Alhanchete nos metemos por la rambla que sube hacia la mina de los tres pacos y aquí empieza la acción.

Esta rambla es algo técnica porque tenemos que luchar contra la arena suelta, tramos con muchas piedras y zonas en los que tenías que bajarte de la bici, por allí no sube ni el pelailla con su moto de trial jejeje.

En uno de los puntos en los que la rambla cruza el camino asfaltado me bajo de la bici, subo las piedras insalvables y cuando ya estoy en el asfalto se me mete la zapatilla derecha en el pedal, como cuando dos imanes se pegan, y ostión al canto, menos mal que no estaba el Morales porque si no se hubiera partido el culo de mí.


Salimos río arriba y en el cruce hacía campos nos metemos en el cauce del río, algo fuera de lo habitual ya que siempre vamos por el asfalto, buena elección. Justo antes de la subida a Alhanchete nos metemos por la rambla que sube hacia la mina de los tres pacos y aquí empieza la acción.

Esta rambla es algo técnica porque tenemos que luchar contra la arena suelta, tramos con muchas piedras y zonas en los que tenías que bajarte de la bici, por allí no sube ni el pelailla con su moto de trial jejeje.

En uno de los puntos en los que la rambla cruza el camino asfaltado me bajo de la bici, subo las piedras insalvables y cuando ya estoy en el asfalto se me mete la zapatilla derecha en el pedal, como cuando dos imanes se pegan, y ostión al canto, menos mal que no estaba el Morales porque si no se hubiera partido el culo de mí.
Una vez terminada la rambla nos adentramos en el laberinto de naranjos, y a pesar de que vamos detrás de Beltrán que nos guía perfectamente, se produce alguna pérdida. Se ve que alguno vio una higuera a lo lejos y atraido por las propiedades organolépticas de sus frutos se despistó.

Después de encontrar a los bikers perdidos, hacer una rápida parada para "catar" los melones, que me han comentado que estaban bastante ricos, y rodar unos cuantos km entre campos de cerales nos disponemos a adentrarnos en la senda hasta las canteras (el nombre de la senda no lo sé, por eso no lo he puesto, si alguien lo sabe que me lo diga y lo pongo, casi me sale un trabalenguas). Antes de entrar en la senda sufrimos el ataque de un enjambre de furiosas moscas que nos rodeaban por todos lados, sin exagerar cada uno podría tener a su alrededor unos 2 millones de moscas cojoneras, no hay fotos de esto porque una mosca se llevó mi cámara colgada al cuello, que hijaputa!!!


La famosa senda, que la habré nombrado ya por lo menos 5 veces en la crónica y todavía no hemos llegado a ella, la superamos los 9 bikers, algunos con más dificultades que otros. Según lo que comentamos al llegar a las canteras hubo un par de caídas sin importancia, varios la cruzaron más tiempo a pie que subidos en sus monturas y los más intrépidos sólo pusieron pie a tierra en dos o tres ocasiones. Una vez en las canteras la foto de rigor.

Como todavía no he nombrado a los miembros del grupo, creo que ahora es el momento. De derecha a izquierda: Baltasar, Beltrán, Paco y Andrés Pinchuos, Andrés Camacho, Antonio Navarrete, Pedro Perales, Diego y un servidor.
Ponemos las calas en su sitio, con la ayuda de Navarrete y su multiusos VICTORINOX swisstool plus, por cierto nos dijo que él las vende y a muy buen precio, y continuamos camino hacia Guazamara. Parada breve en el bar para repostar agua y algo de cebada, que nunca viene mal, y nos volvemos hacia Cuevas por el camino Real. Como se estaba haciendo tarde y no había sacado al perro, lo del principio era una mentira piadosa, nos dispusimos a darle caña para llegar pronto. Camacho y yo nos pusimos en cabeza y varios deciden tirar por otro camino que se suponía que era un atajo, "estos a lo que iban era a comer brevas". Desde primera hora en Cuevas ya se había escuchado la palabra brevas, "qué?, qué has dicho?, que vamos a para a comer brevas" y no se les quitó de la cabeza, en el fondo yo creo que salimos a comer brevas. Camacho y yo llegamos al polideportivo, me despido de él y se queda esperando a los demás, creo que tardaron unos 20 minutos en llegar, menudo atracón de brevas.























